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La COVID-19 en los países más pobres

Escrito por Serge Laurens
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Sin embargo, el peligro completo del nuevo coronavirus recién se está vislumbrando en los países más pobres. Estos enfrentarán la crisis con una gran desventaja: sus sistemas de salud son frágiles, su acceso a suministros médicos críticos es precario, sus economías son menos resistentes y dependen en gran medida del comercio. Pronto podrían verse asediados en todos los frentes, y una catástrofe sanitaria, económica y social tendría efectos en todo el mundo. Se avivaría la propagación del virus y se pondrían en peligro las perspectivas de una recuperación económica mundial.
La cooperación para ayudar a estos países a limitar el daño no es solo un imperativo moral, es algo que beneficia a todo el mundo. Las decisiones políticas que tomemos hoy tendrán repercusiones perdurables en la capacidad de los países en desarrollo para responder a las crisis sanitarias y económicas. Numerosos países están adoptando políticas que aumentan el riesgo de interrumpir el acceso a los suministros médicos y desestabilizar los mercados alimentarios. Sabemos por experiencias pasadas que dichas políticas, además de ser ineficaces, agravan en realidad los daños que procuran aliviar. Es más inteligente adoptar un enfoque coordinado para impulsar la producción y satisfacer las necesidades de los más vulnerables.

La mayoría de los casos de contagiados con el coronavirus informados hasta ahora se ha registrado en los países desarrollados, aunque las cifras podrían aumentar considerablemente en los países en desarrollo en los próximos meses. Sin embargo, los daños económicos se están extendiendo: las alteraciones simultáneas de la oferta y la demanda se están propagando a través de las fronteras debido a sus efectos en los viajes, el comercio, las finanzas, los mercados de productos básicos y la falta de confianza de los inversionistas. Los 17 países que registran la mayor cantidad de casos del nuevo coronavirus son núcleos muy importantes en las redes comerciales internacionales, lo que aumenta las consecuencias económicas para los países en desarrollo.

La pandemia ya ha generado escasez de suministros médicos en el mundo. Las restricciones cada vez mayores (i) a las exportaciones agravan esa insuficiencia y hacen subir los precios de dichos productos. En el Grupo Banco Mundial, creamos recientemente una nueva base de datos (i) para hacer un seguimiento de los efectos de tales políticas. Esta base de datos pone de relieve la vulnerabilidad que enfrentan los países en desarrollo respecto de los suministros médicos: los 20 países en desarrollo con mayor número de casos de COVID-19 obtienen el 80 % de los productos críticos para combatir la COVID-19 de apenas cinco economías. Nuestro análisis (PDF, en inglés) muestra que, además, es probable que debido a las actuales restricciones a las exportaciones los precios de las mascarillas médicas suban en más de un 20 %. Si las limitaciones aumentan, los precios se dispararían en más de un 40 %.

Posteriormente, se produciría escasez de alimentos. Esto, por sí solo, debería hacernos reflexionar, porque se espera que los niveles de producción de alimentos básicos en 2020 lleguen casi a máximos históricos. Por lo tanto, el abastecimiento no es un problema en este momento. Pero la escasez podría deberse a las interrupciones en las cadenas de suministro, la falta de mano de obra (a medida que las personas se enferman) y la reducción de la actividad de las pequeñas y medianas empresas (pymes), muchas de las cuales podrían quebrar. Por ejemplo, las exportaciones chinas de productos agropecuarios disminuyeron un 12 % interanual en los dos primeros meses del año.

En este punto, una vez más, unos pocos países actúan por separado. La restricción a las exportaciones de alimentos para aumentar la disponibilidad nacional es una respuesta equivocada dadas las circunstancias. Como aprendimos de la crisis alimentaria de 2008-11 , ese tipo de medidas hizo aumentar los precios mundiales en un 13 % en promedio, y en un 45 % en el caso del arroz. Los países más pobres, que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos, serían los más afectados. En promedio, los países en desarrollo obtienen el 80 % de sus importaciones de alimentos de solo tres países exportadores. Para los países en situaciones de fragilidad y conflicto, el porcentaje es superior al 90 %, lo que los hace aún más vulnerables a los cambios normativos de las naciones exportadoras.

Será esencial un enfoque mundial coherente —que ponga énfasis en la cooperación internacional y un sistema de comercio abierto y basado en normas—para garantizar una respuesta rápida a medida que el mayor número de contagios y el sufrimiento económico se extiendan al mundo en desarrollo desde las economías avanzadas. Por ello, insté recientemente a los ministros de Comercio de los países que forman el Grupo de los Veinte (G-20) a emprender de inmediato acciones concretas y, al mismo tiempo, impulsar medidas paralelas por parte de todos los países miembros de la Organización Mundial del Comercio:

  • evitar y sancionar las nuevas restricciones a las exportaciones de insumos médicos esenciales, alimentos u otros productos indispensables;
  • eliminar o reducir los aranceles y las barreras innecesarias a las importaciones de materiales relacionados con la COVID-19, alimentos y otros productos básicos;
  • asegurar que los productos vitales puedan atravesar las fronteras de manera segura;
  • garantizar el acceso continuo al capital y al financiamiento comercial para las pequeñas y medianas empresas (pymes).

Todos los Gobiernos deben actuar con rapidez para reducir el peligro de escasez de productos fundamentales. La coordinación en la compra de dichos suministros será clave para impulsar la producción de manera eficaz en función de los costos y asegurar que los productos lleguen rápidamente, desde las zonas con superávit hasta las zonas con déficit.

Los países que continúan integrados a nivel mundial estarán en mejores condiciones para responder de manera efectiva en el corto plazo y recuperarse más rápidamente en el mediano plazo.
En los últimos tres meses, la propagación rápida e indiscriminada de un virus mortal ha desterrado cualquier duda sobre la magnitud del peligro que representa. Actuar por separado ya no es una opción. Los países que continúan integrados a nivel mundial estarán en mejores condiciones para responder de manera efectiva en el corto plazo y recuperarse más rápidamente en el mediano plazo. Saldremos de esto mucho más fortalecidos si trabajamos todos juntos con un enfoque claro sobre el futuro.

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