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El crecimiento constante tiene límites

Escrito por Serge G Laurens
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Un amplio equipo de 29 científicos (Rockström et al., 2009) han abordado la cuestión de los límites planetarios con un nuevo enfoque, que intenta definir el marco de seguridad para las sociedades humanas: han buscado establecer indicadores que señalen los límites biofísicos que no debemos sobrepasar para que no se produzcan procesos de consecuencias potencialmente catastróficas.

Han detectado así nueve límites interdependientes que se refieren a la concentración de CO2 en la atmósfera, la acidificación oceánica, la concentración de ozono estratosférico, la fijación de nitrógeno y el vertido anual de fósforo al mar, el consumo de agua dulce, la proporción de tierras cultivadas, la pérdida de diversidad biológica, la carga de aerosoles y la contaminación química.

En conjunto, los nueve límites pueden representarse como si formasen la circunferencia exterior de un círculo cuyo espacio interior representaría la “zona segura de actuación para la humanidad”, representando en su exterior, fuera del “techo ambiental” que representa la circunferencia, los problemas que pueden surgir cuando se sobrepasan los umbrales naturales críticos.

De hecho los autores consideran que ya hemos transgredido tres de estos umbrales (CO2, pérdida de biodiversidad, fijación de nitrógeno) y dado que todos estos límites son interdependientes, advierten del peligro de que ello pueda arrastrarnos a sobrepasar los demás, si no se adoptan urgentemente medidas correctoras (2).

Por otra parte, como señala Kate Raworth (3), “al igual que existe un límite máximo en el uso de los recursos, un ‘techo ambiental’ por encima del cual la degradación ambiental sería inaceptable, existe también un límite mínimo, un ‘suelo social’ por debajo del cual se llega a una privación humana inaceptable”.

Raworth enumera 11 necesidades sociales básicas que definirían ese suelo social y que reproducimos aquí por orden alfabético: alimentación, agua, educación, empleo, energía, igualdad de género, igualdad social (equidad), ingresos, participación, resiliencia y sanidad.

Donut economics, es un marco visual para el desarrollo sostenible

La figura que reproducimos aquí muestra un “espacio seguro y justo para la humanidad”, entre el suelo social que determinan los mínimos imprescindibles para cada necesidad humana y el techo ambiental de los límites planetarios:

Combinar de esta forma los límites planetarios y sociales, explica Raworth, proporciona una nueva perspectiva sobre el Desarrollo Sostenible: “Los defensores de los derechos humanos llevan mucho tiempo señalando el deber de garantizar el derecho de todas las personas a los elementos básicos para la vida, mientras que los economistas ecológicos han subrayado la necesidad de situar la economía global dentro de unos límites ambientales.

Este marco combina ambas cosas, creando un espacio delimitado tanto por los derechos humanos como por la Sostenibilidad ambiental, reconociendo a la vez que existen numerosas interacciones complejas y dinámicas entre los distintos límites”. Veamos seguidamente algunas de las magnitudes introducidas para medir la evolución del “espacio seguro y justo para la humanidad”.

La biocapacidad del planeta y la huella ecológica de las acciones humanas

El concepto de huella ecológica, concebido en 1990 por los investigadores Mathis Wackernagel y William Rees y que se define como el área de territorio ecológicamente productivo necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada (4), permite cuantificar aproximadamente un grave proceso de aproximación a los límites planetarios.

En efecto, se estima que en la actualidad la huella ecológica media por habitante es de 2,8 hectáreas, lo que multiplicado por los más de 7000 millones de habitantes supera ya con mucho la superficie ecológicamente productiva o biocapacidad de la Tierra (incluyendo los ecosistemas marinos), que apenas alcanza a ser de 1.7 hectáreas por habitante. Una huella ecológica que, según el Informe Planeta Vivo 2012 de WWF, se ha duplicado en el breve periodo que va de 1961 a 2007.

Según Moore y Rees (5) la historia de la humanidad está llena de excesos locales, pero desde mediados de la década de 1970 asistimos a la sobreexplotación global. Puede afirmarse, pues, que, a nivel global, estamos consumiendo más recursos y generando más residuos de los que el planeta puede generar y admitir. El déficit ecológico viene a indicar esta diferencia entre huella ecológica y biocapacidad.

Existen en la red “calculadoras de huella ecológica personal” que permiten conocer los efectos de nuestro modo de vida y lo mismo puede hacerse para las poblaciones. Al medir la huella ecológica de una persona o de una población, ya sea una ciudad, una empresa, un país, o toda la humanidad, se puede determinar la presión ejercida sobre el planeta, algo que debe ayudar a disponer adecuadamente de los activos ecológicos y a tomar medidas para impulsar y poyar un mundo donde la humanidad viva dentro de los límites de la Tierra.

La fecundidad de estos conceptos para cuantificar los problemas del planeta ha llevado a introducir otros más específicos como el de “huella de carbono” para medir las emisiones de CO2 o el de “huella hídrica”, asociada al consumo de un recurso tan esencial como el agua. Los resultados obtenidos con estos indicadores justifican que hoy hablemos de un crecimiento insostenible.

Como afirma Brown (6) “Del mismo modo que un cáncer que crece sin cesar destruye finalmente los sistemas que sustentan su vida al destruir a su huésped, una economía global en continua expansión destruye lentamente a su huésped: el ecosistema Tierra”.

No es posible, pues, seguir “externalizando” los costes ambientales, es decir, no tomando medidas para evitar la degradación ambiental; ello favorece el beneficio económico particular y a muy corto plazo, pero supone un grave atentado al bien común. No podemos olvidar a este respecto las estrategias de “deslocalización” de algunas empresas, que trasladan sus fábricas a países, generalmente en desarrollo, buscando más beneficios rápidos, es decir, legislaciones menos exigentes con la protección del medio ambiente y condiciones de trabajo más “flexibles” (menor seguridad, jornadas más largas, salarios más bajos, etc.).

Ni tampoco hemos de ignorar que las “reformas estructurales” que se pretenden implantar hoy en algunos países desarrollados, con la justificación de la grave crisis económica, persiguen similares objetivos de incrementar los beneficios particulares y la competitividad reduciendo los costes salariales, los derechos sociales y la protección ambiental (7).

Recientemente, sin embargo, han surgido iniciativas para evaluar los impactos ambientales y sociales de las actividades empresariales. Una de estas iniciativas es la denominada “Información integrada”, que incorpora a los datos financieros la información ambiental y social que afecta al desarrollo de la compañía; y se creado un International Integrated Reporting Council (IIRC) que promueve la información integrada como alternativa a las memorias empresariales tradicionales. Se facilitaría así la toma de decisiones más adecuadas para la necesaria protección del capital natural y la defensa de los derechos humanos (8).

Porque si la economía mundial tal como está estructurada actualmente continúa su expansión, destruirá el sistema físico sobre el que se sustenta y se hundirá (9). ¿Cuál es, entonces, la alternativa para satisfacer las necesidades de la población mundial? Se hace necesario, a este respecto, distinguir entre crecimiento y desarrollo.

La necesaria distinción entre crecimiento y desarrollo

Como afirma Daly (10), “el crecimiento es incremento cuantitativo de la escala física; desarrollo, la mejora cualitativa o el despliegue de potencialidades (…) Puesto que la economía humana es un subsistema de un ecosistema global que no crece, aunque se desarrolle, está claro que el crecimiento de la economía no es sostenible en un período largo de tiempo”.

Ello lleva a Giddens (11) a afirmar: "La Sostenibilidad ambiental requiere, pues, que se produzca una discontinuidad: de una sociedad para la cual la condición normal de salud ha sido el crecimiento de la producción y del consumo material se ha de pasar a una sociedad capaz de desarrollarse disminuyéndolos". Disminuyéndolos a nivel planetario, por supuesto, porque son muchos los pueblos que siguen precisando un desarrollo social y tecnocientífico y en definitiva, un crecimiento económico capaz de dar satisfacción a las necesidades básicas (12).

Como señalaba Christopher Flavin, presidente a la sazón del Worldwatch Institute en su informe de 2008 (13), “Todavía quedan más de mil millones de personas desesperadamente pobres en el mundo actual, y los países en desarrollo, que no se han beneficiado aún del inmenso crecimiento de la economía global durante el siglo pasado, están determinados a superar esta brecha en las próximas décadas”.

Pero lo que no puede continuar es un crecimiento económico global que conlleva un insostenible impacto ambiental, cuyo origen antrópico está fuera de toda duda, pero que no ha sido tomado suficientemente en consideración, aunque hayan surgido ya propuestas de crecimiento cero e incluso de decrecimiento y se hable de “a-crecimiento” como un rechazo de la lógica del crecimiento por el crecimiento (14)

Propuestas que con formulaciones como “vivir bien con menos” o “prosperidad compartida y duradera”, tienen su plasmación práctica en movimientos como el de “comunidades en transición” (también conocidas como ciudades en transición, red de transición o movimiento de transición), surgidas para hacer frente al problema del cambio climático y del agotamiento del petróleo. Resulta en cualquier caso evidente que se precisan urgentes medidas correctoras que pongan fin al proceso de degradación.

En ese sentido, inciden los resultados publicados en el libro El capital en el siglo XXI (15), que ha tenido un gran impacto en esferas económicas, en el que se fundamenta, a partir de análisis exhaustivos, cómo se produce la concentración de la riqueza y su distribución durante los últimos 250 años.

El estudio muestra que cuando la tasa de acumulación de la riqueza crece más rápido que la economía, entonces la desigualdad entre ricos y pobres aumenta, señalando que en el actual sistema económico la riqueza heredada siempre tendrá más valor que lo que un individuo pueda ganar en una vida. Que el capitalismo es, por lo tanto, incompatible con la democracia y con la justicia social. El economista Thomas Piketty propone en su libro, para evitar el llamado capitalismo patrimonial, impuestos progresivos y en particular un impuesto mundial sobre la riqueza.

No es tan extraño que creamos fácilmente que el progreso económico tendrá esta misma forma, esta línea de crecimiento en constante aumento. Es hora de pensar de nuevo, de volver a imaginar la forma del progreso, porque hoy, tenemos economías que necesitan crecer, nos hagan o no prosperar, y necesitamos especialmente en los países más ricos, economías que nos hagan prosperar crezcan o no. Sí, es un discurso un poco frívolo que oculta un cambio profundo de mentalidad, pero creo que este es el cambio que tenemos que hacer si nosotros, la humanidad, vamos a progresar juntos este siglo.

El avión que nunca aterriza

Entonces, ¿de dónde viene esta obsesión por el crecimiento? Bueno, el PIB, producto interno bruto, es solo el costo total de los bienes y servicios vendidos en una economía en un año. Fue inventado en los años 30, pero muy pronto se convirtió en la meta primordial en la creación de políticas, tanto que incluso hoy en día, en los países más ricos, los gobiernos piensan que la solución a sus problemas económicos radica en un mayor crecimiento. El cómo sucedió eso nos lo cuenta W. W. Rostow en su clásico de 1960. "Las etapas del crecimiento económico: Un manifiesto no comunista". (16)

Y Rostow nos dice que todas las economías necesitan pasar cinco etapas de crecimiento: Primero, la sociedad tradicional, donde la producción nacional está limitada por su tecnología, sus instituciones y su mentalidad; luego están las condiciones previas al impuso inicial, donde comienza la industria bancaria, la mecanización del trabajo y la creencia de que el crecimiento es necesario para algo más que crecer, como para conseguir dignidad nacional o una vida mejor para los niños; luego, el impulso inicial, donde el interés compuesto está integrado en las instituciones económicas y el crecimiento se convierte en la condición normal; cuarto, la marcha hacia la madurez donde pueden tener cualquier industria, sin importar su base de recursos naturales; y la quinta y última etapa, la era del alto consumo masivo donde pueden comprar todos los bienes de consumo que deseen, como bicicletas y máquinas de coser... esto fue en 1960, recuerden.

Bueno, la metáfora del avión está implícita en esta historia, pero este avión no es como ningún otro, ya que nunca se le permite aterrizar. Rostow nos dejó volando en el ocaso del consumismo masivo, y él lo sabía. Como escribió: "Y luego la pregunta más allá, donde la historia solo nos ofrece fragmentos: "¿Qué hacer cuando el aumento del ingreso real pierde su propio encanto?" Él hizo esa pregunta, pero nunca la respondió, y esta es la razón. Era 1960, él era asesor del candidato a la presidencia John F. Kennedy, que se postulaba para las elecciones con una promesa de crecimiento del 5 %, así que el trabajo de Rostow era mantener ese avión volando, no preguntar, cómo o cuándo se le permitiría aterrizar.

Así que aquí estamos, volando hacia el ocaso del consumismo masivo más de medio siglo después, con economías que han llegado a esperar, exigir y depender de un crecimiento interminable, porque somos financiera, política y socialmente adictos a esto. Financieramente adictos al crecimiento, porque el sistema financiero actual está diseñado para perseguir la tasa más alta de rendimiento monetario, poniendo a las empresas que cotizan en bolsa bajo una presión constante por aumentar sus ventas, aumentar sus cuotas de mercado y sus ganancias, y porque los bancos crean dinero como deuda que genera intereses, que debe ser pagado con más dinero. Políticamente adictos al crecimiento porque los políticos quieren subir los ingresos fiscales sin subir impuestos y un PIB creciente parece una forma segura de hacerlo.

Y ningún político quiere perder su lugar en la foto familiar del G-20. Pero si su economía deja de crecer mientras las demás siguen avanzando, bueno, serán expulsados por la próxima potencia emergente. Y somos socialmente adictos al crecimiento, porque gracias a un siglo de propaganda del consumidor, que fue fascinantemente creada por Edward Bernays, el sobrino de Sigmund Freud, que se dio cuenta de que la psicoterapia de su tío podría convertirse en una terapia minorista muy lucrativa si pudieran convencernos para que creamos que hay una transformación en nosotros cada vez que compramos algo más.

Ninguna de estas adicciones son infranqueables, pero todas merecen mucha más atención de lo que reciben actualmente, porque miren hacia dónde nos ha estado llevando este viaje. El PIB global es 10 veces más grande de lo que era en 1950 y ese aumento ha traído prosperidad a miles de millones de personas, pero la economía global también se ha vuelto increíblemente divisiva, con grandes cuotas de rendimiento a la riqueza acumulando ahora una fracción del uno % global.

Y la economía se ha vuelto increíblemente degenerativa, desestabilizando rápidamente este planeta delicadamente equilibrado sobre el que dependen nuestras vidas. Nuestros políticos lo saben, y le brindan nuevos destinos al crecimiento. Pueden tener crecimiento ecológico, inclusivo, crecimiento inteligente, resistente y equilibrado. Elijan cualquier futuro que desee siempre que elijan crecimiento.

Creo que es hora de elegir una ambición más alta, una mucho más grande, porque el desafío del siglo XXI para la humanidad es claro: satisfacer las necesidades de todas las personas con los medios disponibles de este planeta extraordinario, único y vivo para que nosotros y el resto de la naturaleza podamos prosperar.

El progreso en este objetivo no va a ser medido con la métrica de dinero. Necesitamos un panel de indicadores. Y cuando nos sentemos para intentar dibujar una imagen que lo represente, aunque suene extraño, aparecerá como una rosquilla. Lla única rosquilla que podría realmente ser buena para nosotros. Imaginen usar los recursos de la humanidad irradiando desde el centro. En ese agujero en el medio están las personas que no alcanzan las necesidades vitales. No tienen comida, atención médica, educación, voz política, vivienda que toda persona necesita para una vida de dignidad y oportunidad.

Queremos sacarlos a todos de ese agujero, con una base social dentro de esa misma rosquilla ecológica. Pero, y es un gran pero, no podemos permitir que el uso colectivo de recursos rebase ese círculo exterior, el techo ecológico, porque pusimos tanta presión en este extraordinario planeta que comenzamos a ponerlo patas arriba. Causamos degradación del clima, acidificamos los océanos, un agujero en la capa de ozono, empujar más allá de los límites planetarios de los sistemas de apoyo vital que tienen por lo menos 11 000 años hizo de la tierra un hogar benevolente para la humanidad.

Así este desafío doble de satisfacer nuestras necesidades dentro de los medios del planeta, invita a una nueva forma de progreso, ya no es esta línea de crecimiento en constante aumento, sino un punto dulce para la humanidad, prosperando en equilibrio dinámico entre la base y el techo. Realmente me impresioné cuando dibujé esta imagen al comprender que el símbolo del bienestar en muchas culturas antiguas refleja este mismo sentido de equilibrio dinámico, desde los maoríes takarangi al yin yang taoísta, el nudo infinito budista, la doble espiral celta.

Entonces, ¿podemos encontrar este equilibrio dinámico en el siglo XXI? Bueno, esa es una pregunta clave, porque como muestran estas cuñas rojas, ahora mismo estamos lejos del equilibrio, quedándonos cortos y excediéndonos al mismo tiempo. Si miramos ese agujero, pueden ver que millones o miles de millones de personas en todo el mundo están todavía por debajo de sus necesidades más básicas. Sin embargo, ya hemos sobrepasado al menos cuatro de estos límites planetarios, arriesgándonos a un impacto irreversible de este colapso climático y de este colapso del ecosistema. Este es el estado de la humanidad y de nuestro hogar planetario. Nosotros, la gente de principios del siglo XXI, esta es nuestra selfie.

Ningún economista del siglo pasado vio esta imagen, Entonces, ¿por qué imaginamos que sus teorías están a la altura de asumir sus desafíos? Necesitamos nuestras propias ideas, porque somos la primera generación que ve esto y puede que la ultima con una oportunidad real de darle vuelta a esta historia. Ya ven, según la economía del siglo XX si el crecimiento crea desigualdad, no traten de redistribuirla, porque este crecimiento volverá a arreglar las cosas.

Si el crecimiento crea contaminación, no intenten regularlo, porque este crecimiento limpiará las cosas de nuevo. Excepto, que resulta que no lo hace, y no lo hará. Necesitamos crear economías que aborden este déficit y rebasamiento juntos, a través del diseño. Necesitamos economías regenerativas y distributivas por diseño.

 

Donut Economics: Siete maneras de pensar como un economista del siglo XXI

Hemos heredado industrias degenerativas. Tomamos los materiales de la tierra, los convertimos en lo que queremos, los usamos por un tiempo, a veces solo una vez, y luego los tiramos, y eso nos está llevando al extremo de los límites planetarios, Así que tenemos que girar esas flechas, crear economías que trabajen con y dentro de los ciclos del mundo viviente, para que los recursos nunca se agoten sino que se usen una y otra vez, economías que funcionen con luz solar, donde el residuo de un proceso sea el alimento del próximo.

Y este tipo de diseño regenerativo está surgiendo por todas partes. Más de cien ciudades por todo el mundo, de Quito a Oslo, de Harare a Hobart, ya generan más del 70 % de su electricidad del sol, el viento y las olas. Ciudades como Londres, Glasgow, Ámsterdam son pioneros en el diseño circular de la ciudad, hallando formas de convertir los residuos de un proceso urbano en alimento para el siguiente. Y desde Tigray, Etiopía hasta Queensland, Australia, agricultores y silvicultores están regenerando paisajes antes estériles para que rebosen de vida nuevamente.

Pero además de ser regenerativas por diseño, nuestras economías deben ser distributivas por diseño, y tenemos oportunidades sin precedentes para que eso suceda, porque las tecnologías centralizadas del siglo XX, las instituciones. concentraban la riqueza, el conocimiento y el poder en pocas manos.

En este siglo, podemos diseñar nuestras tecnologías e instituciones para que distribuyan riqueza, conocimiento y empoderamiento a muchos. En vez de energía de combustibles fósiles y fabricación a gran escala, tenemos redes de energía renovable, plataformas digitales e impresión 3D.

200 años de control corporativo de la propiedad intelectual se han cambiando por un conocimiento global entre iguales de código abierto, y de enfoque ascendente. Y corporaciones que aún persiguen La tasa máxima de rendimiento para sus accionistas, de repente parecen bastante desactualizados al lado de las empresas sociales que están diseñadas para generar múltiples formas de valorar y compartir con aquellos a través de sus redes. Si podemos aprovechar las tecnologías actuales, desde la IA hasta blockchain al Internet de las cosas, a la ciencia material, si podemos aprovechar estos al servicio del diseño distributivo, podemos asegurar que la atención de salud, la educación, finanzas, energía, voz política alcancen y empoderen a esas personas que más lo necesitan. Ya ven, el diseño regenerativo y distributivo crea oportunidades extraordinarias para la economía del siglo XXI.

Entonces, ¿dónde deja esto el viaje en avión de Rostow? Bueno, algunos todavía esperan un crecimiento ecológico infinito, la idea de que gracias a la desmaterialización, el crecimiento exponencial del PIB puede durar para siempre mientras que el uso de recursos sigue cayendo. Necesitamos desmaterializar nuestras economías, pero esta dependencia en un crecimiento infinito no puede ir separada del uso de los recursos o de lo que sea que la escala requiera para que nos mantenga de forma segura dentro de los límites planetarios.

Esta forma de pensar sobre el crecimiento no es familiar, porque el crecimiento es bueno, ¿no? Queremos que nuestros hijos crezcan, nuestros jardines crezcan Sí, mirar la naturaleza y el crecimiento es una fuente de vida maravillosa y saludable. Es una fase, pero muchas economías como Etiopía y Nepal hoy pueden estar en esa fase. Sus economías están creciendo al 7 % al año. Pero miren de nuevo la naturaleza, porque desde los pies de sus hijos hasta la selva amazónica, nada en la naturaleza crece por siempre.

Las cosas crecen, y crecen y maduran, y es solo al hacerlo que pueden prosperar durante mucho tiempo. Intuitivamente entendemos que si algo intenta crecer para siempre dentro de un sistema saludable, vivo y próspero, es una amenaza para la salud del conjunto. Entonces, ¿por qué pensamos que nuestras economías serían el único sistema que podría vencer esta tendencia y tener éxito al crecer para siempre? Necesitamos urgentemente innovaciones financieras, políticas y sociales que permitan superar esta dependencia estructural del crecimiento, para que podamos en su lugar enfocarnos en prosperar y mantenernos dentro de los límites sociales y ecológicos del planeta.

Y si la mera idea de los límites nos hace sentir, bueno, limitados, piensen otra vez. Porque las personas más ingeniosas del mundo convierten los límites en la fuente de su creatividad. Desde Mozart con su piano de cinco octavas Jimi Hendrix con su guitarra de seis cuerdas, Serena Williams en una cancha de tenis. Son los límites los que desatan nuestro potencial. Y los límites del planeta dan rienda suelta al potencial de la humanidad para prosperar con creatividad ilimitada, participación, pertenencia y significado.

Estamos aún a tiempo de reorientar la forma de relacionarnos entre nosotros y con el resto de la naturaleza y sentar las bases de un futuro sostenible: podemos y debemos aprovechar esta crisis, como reclama Ban Ki-Moon, apoyándose en los informes científicos, para impulsar un desarrollo auténticamente sostenible y regenerar los ecosistemas degradados mediante una Economía Regenerativa.

Vamos a necesitar todo nuestro ingenio que tenemos para conseguirlo

Serge G Laurens Publicado originalmente en el blog echangeonsdesidees en 2018 

 Referencias:

(1) RAWORTH, K. (2013). Definir un espacio seguro y justo para la humanidad. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 3.
(2) FOLKE, C. (2013). Respetar los límites del planeta y recuperar la conexión con la biosfera. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. Capítulo 2.
(3) RAWORTH, K. (2013). Definir un espacio seguro y justo para la humanidad. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 3
(4) NOVO, M. (2006). El desarrollo sostenible. Su dimensión ambiental y educativa. Madrid: UNESCO-Pearson. Capítulo 2.
(5) MOORE, J. y REES, W. E. (2013). Un solo planeta para seguir viviendo. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 4.
(6) BROWN, L. R. (1998). El futuro del crecimiento. En Brown, L. R., Flavin, C. y French, H. (Eds.), La situación del mundo 1998. Barcelona: Ed. Icaria.
(7) NAVARRO, V., TORRES LÓPÈZ, J. y GARZÓN ESPINOSA, A. (2011). Hay Alternativas. Madrid: Sequitur.
(8) HOHENSEE, J. (2013). Presentación de informes corporativos y externalidades. En Worldwatch Institute, The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton. (Versión en castellano con el título “¿Es aún posible lograr la Sostenibilidad?”, editada en Barcelona por Icaria). Capítulo 13.
(9) DIAMOND, J. (2006). Colapso. Barcelona: Debate.
(10) DALY, H. (1997). Criterios operativos para el desarrollo sostenible. En Daly, H. y Schutze, C. Crisis ecológica y sociedad. Valencia: Ed. Germania.
(11) GIDDENS, A. (2000). Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas. Madrid, Taurus.
(12) SACHS, J. (2008). Economía para un planeta abarrotado. Barcelona: Debate.
(13) WORLDWATCH INSTITUTE (2012). La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. WORLDWATCH INSTITUTE (2013). The State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible? New York: W.W. Norton.
(14) LATOUCHE, S. (2008). La apuesta por el decrecimiento. Barcelona: Icaria ASSADOURIAN, E. (2012). La senda del decrecimiento en los países sobredesarrollados. En Worldwatch Institute La situación del mundo 2012. Hacia una prosperidad sostenible. Barcelona: Icaria. (Capítulo 2)
(15) PIKETTY, T. (2014). Capital in the Twenty-First Century. Cambridge, MA: Belknap Press.
(16) Rostow, Walt W. Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista. Ministerio de Empleo y Seguridad Social (1993)

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