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Reducir el impacto a largo plazo del hambre

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7 de mayo de 2020, Roma -  Los precios mundiales de los alimentos básicos bajaron en abril. Pero se deben Utilizar los estímulos económicos para reducir el impacto a largo plazo del hambre
La FAO prevé que la menor utilización impulsará las existencias de cereales en 2019/20 y la previsión inicial para los mercados de trigo en 2020/21 apunta a un crecimiento constante de los inventarios

Los precios mundiales de los productos alimentarios básicos disminuyeron por tercer mes consecutivo en abril, ya que el impacto económico y logístico de la pandemia de COVID-19 ha provocado fuertes contracciones de la demanda de muchos productos básicos.

El índice de precios de los alimentos de la FAO, que hace un seguimiento de los precios internacionales de los productos que se comercializan habitualmente, alcanzó un promedio de 165,5 puntos en abril, un 3,4 por ciento menos que el mes anterior y casi un 10 por ciento menos respecto a enero.

El índice de precios del azúcar de la FAO alcanzó el nivel más bajo de los últimos 13 años, con un 14,6 por ciento menos respecto a marzo, cuando registró una caída mensual aún mayor. El descenso de los precios internacionales del petróleo redujo la demanda de caña de azúcar para etanol, desviando la producción para elaborar azúcar, incrementando así las disponibilidades de exportación. Mientras tanto, las medidas de confinamiento en varios países generaron una presión adicional a la baja en la demanda.

El índice de precios de los aceites vegetales de la FAO disminuyó un 5,2 por ciento en abril, lastrado por la caída de los valores de los aceites de palma, soja y colza. La menor demanda de biocombustibles tuvo un papel importante, al igual que la contracción de la demanda del sector alimentario, junto con una producción de aceite de palma en Malasia y de trituración de soja en los Estados Unidos de América superiores a lo previsto.

El índice de precios de los productos lácteos de la FAO bajó igualmente un 3,6 por ciento, y los precios de la mantequilla y la leche en polvo registraron caídas de dos dígitos en medio de una mayor disponibilidad para la exportación, aumento de las existencias, débil demanda de importaciones y el descenso de las ventas en los restaurantes del hemisferio norte.

Por su parte, el índice de precios de la carne se redujo en un 2,7 por ciento. La recuperación parcial de la demanda de importaciones de China fue insuficiente para compensar la caída de importaciones en otros lugares. Mientras, los principales países productores sufrieron dificultades logísticas y un fuerte descenso de la demanda del sector de servicios alimentarios debido a las medidas de confinamiento.

"La pandemia está afectando tanto a la demanda como a la oferta de carne, ya que el cierre de restaurantes y la reducción de ingresos de los hogares llevan a un menor consumo, y la escasez de mano de obra para la elaboración está afectando a los sistemas de producción justo a tiempo en los principales países ganaderos", señaló el economista superior de la FAO Upali Galketi Aratchilage.

El índice de precios de los cereales de la FAO bajó solo ligeramente, ya que los precios internacionales del trigo y el arroz subieron de forma significativa, mientras que los del maíz cayeron bruscamente. Los precios internacionales del arroz crecieron un 7,2 por ciento respecto a marzo, debido en gran parte a las restricciones temporales a la exportación impuestas por Viet Nam, que fueron posteriormente derogadas. Al mismo tiempo, los precios del trigo subieron un 2,5 por ciento en medio de informes sobre la rapidez en agotarse la cuota de exportación de la Federación de Rusia. En cambio, los precios de los cereales secundarios -incluido el maíz-, bajaron un 10 por ciento, lastrados por la menor demanda en su utilización, tanto para la producción de piensos como de biocombustibles.

La producción de trigo estable, pero las existencias podrían seguir aumentando en 2020/21

En la Nota informativa de la FAO sobre la oferta y la demanda de cereales, también publicada hoy, la FAO dio a conocer sus primeras previsiones sobre la oferta y la demanda mundial de trigo en la temporada comercial 2020/21. La producción mundial se pronostica en 762,6 millones de toneladas, cifra que coincide en líneas generales con el nivel de 2019, con expectativas de cosechas más reducidas en la Unión Europea, África del Norte, Ucrania y los EEUU, que casi compensan las cosechas más abundantes en Australia, Kazajstán, la Federación de Rusia y la India.

Se prevé que la utilización mundial de trigo en 2020/21 se mantenga estable, y que los aumentos previstos en su uso alimentario superen las reducciones de los usos industriales y para piensos. Se prevé que las existencias de trigo al cierre de las temporadas agrícolas en 2021 suban hasta los 274,5 millones de toneladas, impulsadas por el considerable aumento previsto de las existencias de China, mientras que en el resto del mundo se prevé que las existencias mundiales disminuyan casi un 5 por ciento, para quedar en su nivel más bajo desde 2013.

La FAO prevé igualmente una elevada producción de maíz este año en Argentina, Brasil y Sudáfrica, donde la recolección de la cosecha comenzará en fecha próxima.

Menor utilización de cereales y mayores existencias en 2019/20

La FAO mantuvo su previsión de producción mundial para 2019 -de 2 720 millones de toneladas- pero redujo su previsión de utilización de cereales en 2019/20 en 24,7 millones de toneladas, en gran parte como resultado de los efectos de la COVID-19 en el crecimiento económico, los mercados energéticos y la demanda de piensos. El nuevo pronóstico refleja sobre todo la reducción del uso del maíz en China y los Estados Unidos.

La FAO redujo también su pronóstico sobre la utilización total de arroz a nivel mundial respecto al mes pasado, debido en parte a la disminución del consumo de alimentos previsto en Nigeria, aunque se espera que el consumo general de arroz alcance un nuevo récord, impulsado por un aumento interanual de la ingesta alimentaria en Asia. También se prevé que la utilización de trigo en 2019/20 suba un 1,2 por ciento respecto a la temporada anterior, en previsión de un aumento del consumo alimentario.

Las menores tasas de utilización dan lugar a un aumento de las existencias mundiales de cereales al cierre de las temporadas de 2020, que ahora se sitúan en 884 millones de toneladas, es decir, 13,6 millones de toneladas por encima de sus niveles iniciales. Esto elevaría el coeficiente entre las existencias mundiales de cereales y su utilización al 31,6 por ciento, superior al 30,7 por ciento previsto por la FAO el mes pasado. El aumento de las existencias de cereales refleja mayormente el incremento previsto de los inventarios de maíz, que se espera ahora alcancen un récord histórico de 428 millones de toneladas.

Se prevé que el comercio mundial de cereales en 2019/20 aumente en un 2,8 por ciento, hasta los 422 millones de toneladas, liderado por el sorgo y el trigo. Las restricciones a las exportaciones de trigo procedente de la región del Mar Negro ya se han levantado en la mayoría de los casos, y no se prevé que afecten a los compromisos de exportación de los países productores para el conjunto del año.


Utilizar los estímulos económicos para reducir el impacto a largo plazo del hambre

Tras la emergencia sanitaria de la COVID-19 se avecina una recesión, y los países deberían tomar medidas ahora para mitigar el impacto a largo plazo sobre el hambre y la inseguridad alimentaria, según advierte una nueva nota de orientación elaborada por la FAO.

Las previsiones para la economía mundial pueden variar en los detalles, pero todas apuntan a una crisis sin precedentes. El Fondo Monetario Internacional prevé que el producto interior bruto mundial se reduzca en un 3,0 por ciento este año, en comparación con las previsiones de enero de un crecimiento del 3,3 por ciento. Se espera que este retroceso desencadene la primera crisis absoluta en los últimos 25 años en África subsahariana, donde alrededor de una cuarta parte de la población está desnutrida.

En el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo de 2019, los analistas de la FAO señalaban que las desaceleraciones y las crisis económicas contribuyeron al aumento de los niveles de subalimentación en 65 de los 77 países que registraron estas alzas entre 2011 y 2017, lo que pone de relieve el riesgo de que se produzcan tendencias negativas del hambre en el futuro.

El nuevo documento ofrece un análisis de los datos sobre el suministro de alimentos a partir de 1995, vinculado a la evolución estadística del indicador de prevalencia de la subalimentación (PoU, por sus siglas en inglés) de la FAO, que se correlaciona con las tendencias económicas locales anteriores en los países importadores netos de alimentos. En ausencia de políticas oportunas y eficaces, es probable que millones de personas pasen a engrosar las filas de las víctimas del hambre como consecuencia de la recesión provocada por la COVID-19.

Esa cifra variará en función de la gravedad de las contracciones económicas, y oscilará entre 14,4 millones y 38,2 millones, llegando incluso 80,3 millones en caso de que se produzca una caída de efectos devastadores de 10 puntos porcentuales en el PIB de los 101 países importadores netos de alimentos. La nota advierte que el resultado real podría ser peor si se agravan las actuales desigualdades en el acceso a los alimentos. En la nota orientativa y en una nota técnica en la que se explican con más detalle las hipótesis y la metodología, pueden consultarse los detalles de los distintos escenarios.

"Esta nota de orientación aporta evidencias a favor de hacer de la reducción del hambre una prioridad en tiempo de estímulos económicos", asegura Marco V. Sánchez, Subdirector de la División de Economía del Desarrollo Agrícola de la FAO.

Dado que el mundo no se enfrenta a la escasez de alimentos, la FAO insta a los países a que hagan todo lo posible por mantener los flujos comerciales y las cadenas de suministro alimentarias operativos y por aumentar la producción agrícola durante la crisis sanitaria internacional. Las respuestas fiscales y monetarias a gran escala que los gobiernos preparan frente al deterioro previsto del crecimiento económico representan una oportunidad para abordar problemas de larga duración en muchos países de ingresos medios y bajos en relación a la desigualdad en el acceso a alimentos saludables.

Las transferencias en efectivo y en especie, las nuevas líneas de crédito para los principales agentes de los sistemas alimentarios, las redes de seguridad, el apoyo a los ingresos, los programas de distribución, -como los bancos de alimentos- y continuar con los almuerzos escolares son iniciativas que deben dirigirse a las personas más vulnerables y pobres. Este enfoque maximizará también el efecto que los desembolsos de recursos públicos tienen para mantener una demanda más dinámica y para evitar que la población caiga en una dependencia crónica que puede durar años, según la FAO.

Existen ejemplos alentadores de iniciativas de "estímulos alimentarios" en países de ingresos bajos y medios -al menos 106 países han introducido o adaptado medidas de protección social con motivo de la pandemia de COVID-19, según un estudio en tiempo real de las medidas de política de protección social del Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo-, aunque la capacidad de los países africanos para ofrecer transferencias de efectivo ha sido escasa hasta ahora.

La cooperación y la ayuda internacional son necesarias para asistir a los países más pobres y vulnerables, y ello puede vincularse a que los países receptores reasignen una mayor parte de sus propios recursos para alcanzar los objetivos deseados, y evitar el resultado sumamente adverso del aumento de la desigualdad en el acceso a los alimentos.

Orientar las medidas de estímulo público hacia iniciativas para reforzar el acceso a los alimentos durante la pandemia ofrece además la oportunidad de lograr una mayor resiliencia en los sistemas alimentarios, y protegerlos contra las desaceleraciones y recesiones económicas en el futuro

Muestra de los 101 países importadores netos de alimentos utilizada en el análisis del escenario de reducción del crecimiento del PIB

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