Noam Chomsky, Yannis Varoufakis y Naomi Klein impulsan la creación de una Internacional Progresista
La nueva organización nace con la vocación de "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".
Nunca la solidaridad internacional había sido tan necesaria y ausente. La crisis de la Covid-19 se está profundizando en todas partes, golpeando con más fuerza a los pobres del mundo. Mientras tanto, el capitalismo de catástrofe va en aumento, ya que los especuladores financieros y las empresas transnacionales tratan de sacar provecho de la pandemia. Detrás de ellos están las fuerzas de la extrema derecha, que explotan la crisis para hacer avanzar un programa de intolerancia y xenofobia. Y sin embargo, en esta coyuntura histórica, el internacionalismo está desaparecido en acción.
La pandemia ha puesto al descubierto los defectos fatales de la "hiperglobalización": el colapso de la producción "justo a tiempo" -junto con la disminución de la capacidad del Estado y un sector público erosionado por más de medio siglo de privatización- ha resultado devastador para las respuestas nacionales a la crisis sanitaria.
Sin embargo, el ampliamente anunciado retorno del Estado-nación no pondrá fin a la pandemia ni impedirá que sus consecuencias políticas fortalezcan la mano de la extrema derecha. Después de todo, la mayoría de los países del mundo no sólo carecen de equipo médico básico, sino también de la moneda necesaria para adquirirlo. El internacionalismo, para la gran mayoría de la humanidad, no es un privilegio, sino una necesidad básica. "La ilusión más peligrosa", escribe Mike Davis, "es la nacionalista: que una depresión global puede ser evitada por una simple suma de respuestas nacionales independientes y descoordinadas".
Sólo un frente internacional común puede igualar la escala de nuestras crisis, recuperar nuestras instituciones y derrotar un nacionalismo autoritario creciente. Por eso, el 11 de mayo, se lanzo la Internacional Progresista (IP,), una iniciativa global con la misión de unir, organizar y movilizar a las fuerzas progresistas de todo el mundo.
En diciembre de 2018, el Movimiento por la Democracia en Europa (DiEM25) y el Instituto Sanders hicieron un llamamiento abierto para formar un frente común en la lucha contra las fuerzas gemelas del fascismo y el fundamentalismo del libre mercado. "Es hora de que los progresistas del mundo se unan", proclamó el llamamiento abierto. El año que siguió ha sido descrito como una "Ola de Protesta Global". De Delhi a París, de Santiago a Beirut, los ciudadanos se levantaron para defender la democracia, exigir un nivel de vida decente y proteger el planeta para las generaciones futuras.
2020 es el año en que se unieron estas protestas dispares en una Internacional Progresista, reuniendo a activistas y organizadores, sindicatos y asociaciones de inquilinos, partidos políticos y movimientos sociales para construir una visión compartida de la democracia, la solidaridad y la sostenibilidad. El lanzamiento de mayo da vida a esta plataforma, invitando a individuos y organizaciones de todo el mundo a convertirse en miembros de la IP y a construir el movimiento juntos.
En su lanzamiento, la Internacional Progresista cuenta con el apoyo de un Consejo Provisional de más de 40 asesores, entre los que se encuentran Katrín Jakobsdóttir, Fernando Haddad, Aruna Roy, Noam Chomsky, Vanessa Nakate, Vijay Prashad, Carola Rackete, Yanis Varoufakis, Elizabeth Gómez Alcorta, Pierre Sané, Naomi Klein, Varshini Prakash y muchos otros. En septiembre, el Consejo se reunirá en la Cumbre inaugural de la IP en Reikiavik (Islandia), auspiciada por la Primera Ministra de Islandia y el Movimiento Verde de Izquierda, para analizar los desafíos del siglo XXI y examinar las propuestas de los miembros de la IP para su dirección estratégica.
Mientras tanto, las actividades de la iniciativa se dividen en tres pilares. El Movimiento tiene por objeto forjar una red mundial de activistas y organizadores que puedan coordinar el trabajo a través de las fronteras. El Plan convoca a activistas, pensadores y profesionales para desarrollar un plan de política para un orden internacional progresivo. Y The Wire ofrece un servicio de cable a las fuerzas progresistas del mundo, asociándose con publicaciones de todo el mundo para llevar las perspectivas de las bases a una audiencia global.
Todo este trabajo tiene como objetivo construir a partir de los esfuerzos pasados en la organización internacional - y aprender las lecciones tanto de sus éxitos como de sus fracasos.
A diferencia de las anteriores internacionales, la IP no se limita a un tipo de organización, o a un tipo de lucha. Los partidos políticos no tienen el monopolio de la organización política, y una internacional del siglo XXI debe reflejar la diversidad de asociaciones en nuestras vidas. Por ello, la IP tiene como objetivo reunir a todas las fuerzas progresistas - desde los sindicatos y las organizaciones de inquilinos hasta los movimientos de liberación y las publicaciones clandestinas - para contribuir a un frente común.
A diferencia de los foros anteriores, el IP se basa en la premisa de que una red social no es suficiente. Al igual que las anteriores internacionales avanzaron las demandas de una semana laboral más corta y el fin del trabajo infantil, la IP pretende desarrollar una visión política pragmática para transformar nuestras instituciones.
Y a diferencia de los movimientos pasados, la IP tiene como objetivo construir una infraestructura duradera para el internacionalismo. En lugar de depender de campañas y peticiones temporales, la IP se esfuerza por ser una institución duradera que pueda unir a las fuerzas progresistas y apoyarlas para construir poder en todas partes.
Las ambiciones de esta iniciativa son indudablemente altas - no más altas de lo que exige la crisis actual. Pero la Internacional Progresista es tan poderosa como sus miembros, y para recuperar el mundo después de la Covid-19, necesitaremos un poderoso movimiento de fuerzas progresistas. En consecuencia, únase a la Internacional Progresista y trabaje con nosotros para construir este frente común.
La plataforma estará financiada exclusivamente con donaciones y las aportaciones de sus miembros. La organización no permite la financiación —ni la participación— de lobbies, ejecutivos de empresas de combustibles fósiles, aseguradoras de salud, compañías farmacéuticas, multinacionales tecnológicas, la banca (con alguna excepción), empresas de capital inversión, fondos de cobertura o compañías agroalimentarias.
El proyecto arranca este lunes con el lanzamiento de su web, donde cualquiera puede inscribirse como miembro, y cuenta con el apoyo y el soporte formado por más de 40 intelectuales de toda índole y condición, desde escritores hasta políticos. https://progressive.international/
Compromís se adhiere a la Internacional Progresista y Más País la ve con simpatía
Compromís se adhiere a la Progressive International (Internacional Progresista) lanzada por intelectuales y políticos vinculados a las izquierdas internacionales. También se suma el Bloc Nacionalista Valencià, uno de los partidos integrantes de la coalición valencianista. Así, Compromís, la formación de Mónica Oltra, Joan Baldoví, Àgueda Micó, Fran Ferri o Joan Ribó, pasará a engrosar la lista de partidos que apoyan el proyecto como ya lo hiciera ERC durante el día de ayer.
La decisión no está tomada en Más País ni Más Madrid, sin embargo, la formación que lidera Íñigo Errejón ve la iniciativa con simpatía. "Lo hemos visto con simpatía y con interés y lo seguimos con atención, pero aún no tenemos muy claro en qué se concreta" cuenta "En todo caso, es evidente que hacen falta semilleros intelectuales nuevos para la nueva etapa, que no vale con tirar de fondo de armario, y por tanto bienvenidas sean estas iniciativas", valora el diputado Errejón, quien añade: "Hay otra cosa que me parece muy importante y que en mi opinión indica que la “internacional progresista” acierta cuando sitúa que la crisis neoliberal es inseparable de la crisis ecológica y que el Green New Deal o la transición ecológica son el motor y la palanca para afrontar la crisis económica que viene, con justicia social"
También se ven dentro de esta Progressive International desde el partido de Gaspar Llamazares y Baltasar Garzón, Actúa, que se plantea su entrada próximamente. Actúa forma ya parte de DIEM25, el partido paneuropeo formado por Varoufakis, una de las patas fundadoras de Progressive International. La idea está en debate, del mismo modo, en espacios políticos vinculados a Unidos Podemos. En Comú Podem tratará el tema en los próximos días. Otros han de valorar sus relaciones con partidos de izquierdas a nivel europeo y la respuesta conjunta a esta propuesta. Es el caso de IU y del PCE, vinculados al PIE (Partido de la Izquierda Europea).
Esta iniciativa aglutina a personalidades como el exministro griego, Yannis Varoufakis, el expresidente de Ecuador, Rafael Correa, el exvicepresidente boliviano, Álvaro García-Linera, la escritora Naomi Klein, el exministro brasileño, Fernando Haddad, la escritora Naomi Klein, la activista por el medioamiente Vanessa Nakatte o la diputada brasileña Áurea Carolina, entre otras. También está apoyado por el Instituto Sanders, vinculado al que ha sido, en dos ocasiones, candidato demócrata para optar a las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Bernie Sanders.
La Progressive International hace un llamamiento a la unidad global de las fuerzas progresistas ante la actual crisis global generada por la pandemia y las reacciones políticas ultraderechistas que se están dando en distintos países de todo el planeta. Una de sus apuestas programáticas tiene que ver con una salida ecológica a la actual crisis, en la línea de las propuestas de Green New Deal desarrolladas por distintas voces. Otras fuerzas políticas, así como sindicatos y movimientos sociales, están llamadas a sumarse a la iniciativa.
Además de las personalidades ya mencionadas, integran el consejo, entre otros, el lingüista estadounidense Noam Chomsky, la periodista canadiense Naomi Klein, el ex candidato presidencial brasileño por el Partido de los Trabajadores Fernando Haddad, el ex mandatario ecuatoriano Rafael Correa, el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el ex canciller brasileño Celso Amorim, la diplomática argentina Alicia Castro, el turco Ertugrul Kürkçü –quien es presidente honorario del Partido Democrático de los Pueblos–, la actual ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Argentina, Elizabeth Gómez Alcorta, el actor mexicano Gael García Bernal, el filósofo croata Srećko Horvat, el político y activista chileno Giorgio Jackson y la primera ministra de Islandia, Katrín Jakobsdóttir.
Precisamente la ciudad de Reikiavik, la capital islandesa, será la sede del primer congreso de la institución, que será organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento Verde de Izquierda, y que se llevará a cabo, si las medidas sanitarias lo permiten, en setiembre. En dicha instancia el consejo de la institución trazará toda la actividad para el año que viene.
Según la visión de la Progresista Internacional, aspira a un mundo:
Democrático, donde el pueblo tenga el poder de dar forma a sus instituciones y sociedades.
Descolonizado, donde todas las naciones determinen su destino colectivo libres de opresión.
Justo, que repare la desigualdad en nuestras sociedades y los legados de nuestra historia.
Igualitario, que sirva los intereses de muchas y no sólo de pocas personas.
Liberados, donde todas las identidades disfruten los mismos derechos, el reconocimiento, y poder.
Solidario, donde la lucha de cada uno sea la lucha de todas y todos.
Sostenible, que respete los límites planetarios y proteja a las comunidades en primera línea.
Ecológico, que ponga a los seres humanos en armonía con su hábitat.
Pacífico, donde la violencia de la guerra sea sustituida con la diplomacia de los pueblos.
Poscapitalista, que recompense todas formas laborales mientras se elimina el culto de trabajo.
Próspero, que invierta en un futuro dichoso de abundancia compartida.
Pluralista, donde la diferencia sea celebrada como una fortaleza.
MOVILIZACIÓN, PENSAMIENTO Y MEDIOS
La Internacional Progresista pretende actuar en tres planos: fomentar la movilización social, espolear la reflexión intelectual y promover la difusión de nuevas ideas progresistas a través de una red de medios de comunicación. En este último apartado, la idea es potenciar el impacto de las informaciones creando un nexo entre diferentes Redacciones. Entre las cabeceras que se adhieren al proyecto, figuran el estadounidense The Nation, la italiana Internazionale, la francesa Mediapart e InfoOng AELA, la polaca Krytyka Polityczna, Africa Is a Country, Brasil Wire, Lausan Collective y The Wire India.
El tiempo de una Nueva Internacional es ahora
La Primera Ministra de Islandia y miembro del Consejo de Progresista Internacional, Katrín Jakobsdóttir hace un llamado a la unidad progresista en tiempos de pandemia.
Fue un mantra silencioso para quienes protegieron a las personas más ricas del mundo tras la crisis financiera de 2008: “Nunca dejes que una buena crisis se desperdicie”.
Interpretada como una advertencia —en lugar de una máxima— la frase vuelve a nuestras mentes mientras los países alrededor del mundo responden a una pandemia mortal con profundas consecuencias políticas, sociales y económicas. A medida de que los poderes de emergencia se activan y la política regular es suspendida, se hace muy necesario ser conscientes de cómo puede y debe llevarse a cabo una “buena crisis”.
Ya hemos presenciado intentos de explotar la pandemia para debilitar los poderes del parlamento y gobernar por decreto. Esto incluye la presencia de policías o militares fuertemente armados en las calles, amenazas de encarcelamiento por violar la ley y poderes ejecutivos extraordinarios. Se han adoptado nuevas leyes que restringen la libertad de expresión, con un incremento en el uso de tecnología de vigilancia altamente sofisticada patrocinada por el estado, planteando una posible amenaza para las libertades civiles.
Es evidente que la pandemia demanda una acción gubernamental urgente y la movilización de todos los sectores de la sociedad. Pero importa cómo se haga y no es menos importante qué seguirá después de estas intervenciones. Queda por saber si las medidas de emergencia, que han sido adoptadas por varios gobiernos, serán revertidas rápidamente cuando la crisis disminuya, o si afectarán permanentemente el equilibrio entre el poder estatal y los derechos civiles, y entre los poderes ejecutivo y legislativo del gobierno.
Si el pasado sirve como guía, habrá que prepararnos para una fuerte reacción nacionalista. Las fuerzas autoritarias y populistas de derecha buscarán explotar las ansiedades políticas creadas por la crisis económica. Puede que esto sea acompañado con demandas de “reterritorialización” de los Estados-nación, a través de la imposición the nuevos regímenes discriminatorios de control fronterizo mediante la identificación del COVID-19 con “el otro”: el extraño, el extranjero, el peligro externo.
Esta respuesta nacionalista a una crisis fundamentalmente transnacional solo profundizará las divisiones entre Estados y dentro de estos. Lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck alguna vez llamó la “sociedad del riesgo” en un mundo globalizado —involucrando pandemias, cambio climático, contaminación, accidentes nucleares, etc.— no respeta fronteras u otras demarcaciones soberanas. Esos factores de riesgo son “democráticos” en el sentido de que son enfrentados por la humanidad en su conjunto, aunque lo hagan de manera desigual. Al carecer de infraestructura y no poder permitirse “gestores de riesgos sociales”, los países en desarrollo se perfilan para sufrir más como resultado de la pandemia en comparación con los países ricos.
Para el Sur Global puede resultar en importantes restricciones a la libertad movimiento, así como , así como a restricciones en los mercados de exportación y el acceso limitado a los recursos financieros. Algunos países del Norte Global ya están presenciando patrones de fallecimientos basados en la clase y raza, ya que los más favorecidos pueden protegerse del contacto social en el trabajo y el hogar. En otras palabras, la lucha contra el coronavirus no puede separarse de la lucha global y local contra las desigualdades sociales.
Esto incluye contrarrestar los intentos de redistribuir los riesgos sociales transfirièndolos a los estados y comunidades más vulnerables. De hecho, si hay algo que la pandemia ha demostrado, es que la fragilidad de la condición humana es universal, no limitada a “comunidades imaginadas” en forma de territorios nacionales soberanos.
La crisis actual está ya alimentando muchas prácticas sociales y políticas nocivas. Se han adoptado políticas sexistas, incluyendo intentos para restringir el acceso a la interrupción del embarazo categorizándolas como operaciones no esenciales.La demanda de pornografía violenta ha aumentado, motivada por los pornógrafos que ofrecen contenido gratuito. Las medidas de aislamiento para responder a la pandemia han dado lugar a un aumento de la violencia doméstica, mientras que los reportes a la policía y servicios de protección infantil están disminuyendo drásticamente.
Al inicio del brote del virus, el aumento del racismo y xenofobia hacia las personas con ascendencia asiática fue visible. SIn embargo, los cierres de fronteras y otras medidas extremas representan una amenaza a todos los migrantes, y grupos étnicos y minorías alrededor del mundo. Por lo tanto, un mayor debilitamiento de las protecciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial para los refugiados y solicitantes de asilo es una amenaza real. Es aún más importante apoyar las leyes internacionales de derechos humanos -que están basadas en una serie de principios, incluida la no discriminación- como contrapeso a la constante tentación nacionalista de excluir a los extranjeros.
La pregunta sigue siendo qué hará esta crisis a nuestras democracias. Las medidas draconianas han aliviado la presión en los sistemas de salud en algunos, si no en todos los países, y han disminuido las víctimas fatales de la pandemia. Lxs políticxs democráticxs, aunque renuentes en muchos casos, están delegando a lxs expertxs en salud el esfuerzo de contención de la crisis, aunque algunxs hayan intentado hacer política con ello. Desde luego, es inevitable que surjan preguntas sobre qué tan lejos deben llegar las autoridades para atender el consejo experto de “confinamiento “ o “distanciamiento” o cuando los intereses económicos creados hagan demandas a los gobiernos.
Pero lo que el brote del COVID ha demostrado, una vez más, es que la asistencia de salud universal y sistemas de bienestar robustos no solo son ingredientes esenciales de la justicia social, sino también de las sociedades funcionales. Sin embargo, esto no ha impedido que circule la desinformación sobre el virus hacia grupos vulnerables y para defender ideas nacionalistas exclusivistas.
En tiempos de emergencia, necesitamos urgentemente forjar solidaridades globales y colaboración entre fuerzas progresistas a través de las fronteras y contra una derecha populista y autoritaria empeñada en usar la crisis para avanzar en su agenda regresiva. Progresista Internacional proporciona una plataforma para construir movimientos, crear políticas e intercambiar ideas sobre los muy necesarios cambios sociales. Por esta razón, el Movimiento de Izquierda Verde Islandés se suma a la iniciativa.
Si alguna vez hubo un momento para actuar, para hacer historia, es ahora.