Programa Mundial de Alimentos recibe el Premio Nobel de la Paz

World Food Programme awarded Nobel Peace Prize

Nutrición
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El Programa Mundial de Alimentos recibe el Premio Nobel de la Paz


Declaración del Director Ejecutivo del PMA, David Beasley

La concesión del Premio Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos (PMA) es un reconocimiento conmovedor y conmovedor al trabajo del personal del PMA que arriesga su vida todos los días para llevar alimentos y asistencia a cerca de 100 millones de niños hambrientos. , mujeres y hombres de todo el mundo. Personas cuyas vidas a menudo se ven brutalmente destrozadas por la inestabilidad, la inseguridad y los conflictos.
Cada uno de los 690 millones de personas que padecen hambre en el mundo de hoy tiene derecho a vivir en paz y sin hambre. Hoy, el Comité del Nobel noruego ha centrado la atención mundial en ellos y en las devastadoras consecuencias del conflicto. Los choques climáticos y las presiones económicas han agravado aún más su difícil situación. Y ahora, una pandemia global con su impacto brutal en las economías y comunidades, está empujando a millones más al borde de la inanición.

El Premio Nobel de la Paz no es solo del PMA. Trabajamos en estrecha colaboración con el gobierno, organizaciones y socios del sector privado cuya pasión por ayudar a los hambrientos y vulnerables es igual a la nuestra. No podríamos ayudar a nadie sin ellos. Somos una agencia operativa y el trabajo diario de nuestro personal está impulsado por nuestros valores fundamentales de integridad, humanidad e inclusión.

Donde hay conflicto, hay hambre. Y donde hay hambre, a menudo hay conflicto. Hoy es un recordatorio de que la seguridad alimentaria, la paz y la estabilidad van juntas. Sin paz, no podemos lograr nuestro objetivo global de hambre cero; y mientras haya hambre, nunca tendremos un mundo pacífico.

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas es la organización humanitaria más grande del mundo, salva vidas en situaciones de emergencia, construye prosperidad y apoya un futuro sostenible para las personas que se recuperan de conflictos, desastres y el impacto del cambio climático.

El hambre en América Latina y el Caribe podría afectar a casi 67 millones de personas en 2030.

El hambre en América Latina y el Caribe afectó a 47,7 millones de personas en 2019. Se trata del quinto año consecutivo de aumento del hambre, según el informe El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el mundo 2020 (SOFI, por su sigla en inglés).

El SOFI es elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (WFP), y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

El estudio advierte que la región no alcanzará el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de la Agenda 2030, hambre cero, al año 2030. Las proyecciones del SOFI indican que el hambre, considerada como una estimación del número de personas que no consume las calorías suficientes para llevar una vida activa y saludable, afectará a casi 67 millones de personas en 2030, es decir, cerca de 20 millones más que en 2019.

Estas proyecciones no consideran el impacto de la COVID-19, por lo que se estima que el hambre será aún más acuciante cuando se contabilicen los efectos de la pandemia sobre la seguridad alimentaria.

“Estamos peor ahora que cuando la región se comprometió con los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015. Desde entonces, 9 millones de personas más viven con hambre”, dijo el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué. En términos porcentuales, el hambre afecta actualmente al 7,4 por ciento de la población, y se espera que aumente al 9,5 por ciento al 2030.

A nivel subregional, se prevé un aumento de 3 puntos porcentuales en el hambre en América Central para 2030, es decir, 7,9 millones de personas. En América del Sur, la proyección es que el hambre aumentará a 7,7 por ciento, lo que equivale a casi 36 millones de personas. Aunque el Caribe ha logrado avances, tampoco está en la senda para alcanzar el objetivo de reducción del hambre de los ODS para 2030: se estima que, en 2030, 6,6 millones las personas vivirán con hambre en esa zona.

“Las cifras de hambre en el año 2019 son escalofriantes, como también lo es el pronóstico para el año 2030. Con el impacto de la pandemia de la COVID-19 la realidad será peor que la que proyectamos en este estudio. Necesitamos una respuesta extraordinaria de los gobiernos, del sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales”, dijo Berdegué, instando a los países y a todos los sectores a tomar medidas a gran escala para enfrentar el alza del hambre, la inseguridad alimentaria, la pobreza y la malnutrición.

El alto costo de una dieta saludable

El SOFI también alerta sobre el aumento de la obesidad, que constituye un serio problema de salud, ya que incrementa el riesgo de enfermedades no transmisibles, tanto en niños como en adultos. El 7,5 por ciento de los menores de 5 años en la región viven con sobrepeso, cifra significativamente mayor que el promedio mundial, de 5,6 por ciento.

Un factor especialmente preocupante es que, entre todas las regiones del mundo, América Latina y el Caribe es la que registra el costo más alto para comprar una dieta que cubra las necesidades energéticas mínimas: USD 1,06 por persona al día. Esta cifra es un 34 por ciento más cara que el promedio global.

En la región, el costo de una dieta saludable, es decir una alimentación que aporte todos los nutrientes esenciales y la energía que cada persona necesita para mantenerse sana, también es el más alto del mundo, con un valor promedio de USD 3,98 al día por persona.

Dicho valor es 3,3 veces más caro que lo que una persona bajo la línea de pobreza podría gastar en alimentos. Según los ingresos promedio estimados, más de 104 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable.

 La inseguridad alimentaria afecta a un tercio de la población

Aunque África es donde se observan los niveles más altos de inseguridad alimentaria total, es en América Latina y el Caribe donde la inseguridad alimentaria está aumentando más rápidamente: creció del 22,9 por ciento en 2014 al 31,7 por ciento en 2019, debido a un fuerte aumento en América del Sur.

El 9 por ciento de la población regional sufre inseguridad alimentaria grave, lo que significa que las personas se han quedado sin alimentos y, en el peor de los casos, pasan un día o varios días sin comer.

Asimismo, casi un tercio de los habitantes de la región –205 millones de personas– vive en condiciones de inseguridad alimentaria moderada, que ocurre cuando las personas enfrentan incertidumbre en su capacidad de obtener alimentos y se ven obligadas a reducir la cantidad o calidad de los alimentos que consumen. 

Avance en las metas nutricionales de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Según el SOFI, América Latina y el Caribe estará muy cerca de alcanzar el objetivo de reducción del retraso en el crecimiento infantil de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, errando la meta en sólo un año. Sin embargo, cabe destacar que la prevalencia del retraso en el crecimiento de las niñas y niños que viven en los hogares más pobres es aproximadamente tres veces mayor en comparación con los que viven en los hogares más ricos.

América Latina y el Caribe es la única región en desarrollo con una prevalencia de emaciación (niños y niñas que tienen bajo peso para su talla) que está por debajo de las metas de la Organización Mundial de la Salud y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: 1,3 por ciento.

El hambre en América Latina y el Caribe afectó a 47,7 millones de personas en 2019. Se trata del quinto año consecutivo de aumento del hambre, según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2020 (SOFI, por su sigla en inglés).

El SOFI es elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (WFP), y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

El estudio advierte que la región no alcanzará el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de la Agenda 2030, hambre cero, al año 2030. Las proyecciones del SOFI indican que el hambre, considerada como una estimación del número de personas que no consume las calorías suficientes para llevar una vida activa y saludable, afectará a casi 67 millones de personas en 2030, es decir, cerca de 20 millones más que en 2019.

Estas proyecciones no consideran el impacto de la COVID-19, por lo que se estima que el hambre será aún más acuciante cuando se contabilicen los efectos de la pandemia sobre la seguridad alimentaria.

“Estamos peor ahora que cuando la región se comprometió con los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015. Desde entonces, 9 millones de personas más viven con hambre”, dijo el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué. En términos porcentuales, el hambre afecta actualmente al 7,4 por ciento de la población, y se espera que aumente al 9,5 por ciento al 2030.

A nivel subregional, se prevé un aumento de 3 puntos porcentuales en el hambre en América Central para 2030, es decir, 7,9 millones de personas. En América del Sur, la proyección es que el hambre aumentará a 7,7 por ciento, lo que equivale a casi 36 millones de personas. Aunque el Caribe ha logrado avances, tampoco está en la senda para alcanzar el objetivo de reducción del hambre de los ODS para 2030: se estima que, en 2030, 6,6 millones las personas vivirán con hambre en esa zona.

“Las cifras de hambre en el año 2019 son escalofriantes, como también lo es el pronóstico para el año 2030. Con el impacto de la pandemia de la COVID-19 la realidad será peor que la que proyectamos en este estudio. Necesitamos una respuesta extraordinaria de los gobiernos, del sector privado, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales”, dijo Berdegué, instando a los países y a todos los sectores a tomar medidas a gran escala para enfrentar el alza del hambre, la inseguridad alimentaria, la pobreza y la malnutrición.

 

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