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La tecnología una herramienta de opresión

La historia muestra que los estados cometen abusos en tiempos de excepción

Tecnologías
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Desde las pandemias hasta los genocidios, se habla en términos apocalípticos de las personas que cruzan las fronteras por la fuerza o por elección, como si fueran una "inundación" o una "ola", acrecentada por la xenofobia desenfrenada, el racismo y el miedo elemental a "el otro".

Estas formulaciones no sólo son flagrantemente incorrectas, sino que también legitiman una incursión estatal de gran alcance y políticas de vigilancia y tecno-solucionismo para gestionar la migración cada vez más duras.

Estas prácticas se hacen más evidentes en la actual lucha mundial contra la pandemia de la Covid-19.

En cuestión de días, ya hemos visto a Big Tech presentar una variedad de "soluciones" para luchar contra el coronavirus que está barriendo el globo, incluyendo herramientas de vigilancia y de mayor control.

Junto con los poderes extraordinarios del Estado en tiempos de excepción, la irrupción de soluciones del sector privado deja abierta la posibilidad de graves abusos de los derechos humanos y de ataques de gran alcance a las libertades civiles. Si bien los poderes de emergencia pueden ser legítimos si se basan en la ciencia y en la necesidad de proteger la salud y la seguridad, la historia demuestra que los estados cometen abusos en tiempos de excepción. Las nuevas tecnologías pueden facilitar a menudo esos abusos, en particular contra las comunidades marginadas.

La historia muestra que los estados cometen abusos en tiempos de excepción

El hecho de que los migrantes sean más rastreables y detectables justifica el uso de más tecnología y la reunión de datos en nombre de la salud pública y la seguridad nacional, o incluso bajo la bandera del humanitarismo y el desarrollo. Sin embargo, la tecnología no es intrínsecamente democrática y, en contextos humanitarios y de migración forzosa, es particularmente importante considerar sus repercusiones en los derechos humanos.

Incluso antes de la actual pandemia, ya fuimos testigos de un despliegue mundial de "tecno-solucionismo" migratorio. Estos experimentos tecnológicos ocurren en muchos puntos del viaje migratorio de una persona. Mucho antes de que se cruce una frontera, se utilizan los análisis de Big Data para predecir el movimiento de los migrantes y se recogen datos biométricos sobre los refugiados. En la frontera, los detectores de mentiras de Inteligencia Artificial y el reconocimiento facial han comenzado a escanear los rostros de las personas en busca de señales de engaño. Más allá de la frontera, los algoritmos se han abierto camino en la compleja toma de decisiones en las determinaciones de inmigración y refugiados, que normalmente son realizadas por funcionarios humanos.

Por ejemplo, en los Estados Unidos, Palantir, una empresa privada de análisis de datos, suministra al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) tecnología para facilitar las deportaciones y los abusos de los derechos humanos de los migrantes indocumentados, separando a los niños de sus familias y causando la muerte de al menos 24 personas detenidas.

Otras jurisdicciones, como el Canadá y el Reino Unido, han comenzado a experimentar con la adopción automatizada de decisiones en sus solicitudes de inmigración y de visado. Nuestra reciente investigación en la Universidad de Toronto ha demostrado que las tecnologías sesgadas no logran captar la compleja naturaleza de las solicitudes de inmigración y las demandas de los refugiados

En algunos casos, el aumento de la tecnología en la frontera puede significar un aumento de las muertes. Las llamadas "fronteras inteligentes" están siendo promocionadas como formas eficientes y expansivas de controlar la migración. A finales de 2019, la Agencia Europea de Fronteras y Guardacostas, comúnmente conocida como Frontex, anunció una nueva estrategia fronteriza que se basa en el aumento del personal y la nueva tecnología. Esta estrategia incluye su proyecto ROBORDER que "pretende crear un sistema de vigilancia de fronteras autónomo y completamente funcional con robots móviles no tripulados, incluyendo vehículos aéreos, acuáticos, submarinos y terrestres". En los EE.UU., tecnologías similares de "frontera inteligente" han sido calificadas como una alternativa más "humana" a las peticiones de construcción de un muro físico por parte de la Administración Trump.

Sin embargo, estas tecnologías pueden tener resultados drásticos. Por ejemplo, las políticas de control fronterizo que utilizan nuevas tecnologías de vigilancia a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México han duplicado en realidad las muertes de los migrantes y han empujado las rutas de migración a través del desierto de Arizona hacia territorios más peligrosos, creando lo que el antropólogo Jason De Leon llama una "tierra de tumbas abiertas".

Dado que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha informado que, debido a los recientes naufragios, más de 20.000 personas han muerto tratando de cruzar el Mediterráneo desde 2014, sólo podemos imaginar cuántos cuerpos más llegarán a las costas de Europa a medida que la situación entre Grecia y Turquía se calienta.

El hecho de que los migrantes sean más rastreables y detectables justifica el uso de más tecnología y la recopilación de datos en nombre de la salud pública y la seguridad nacional.

La pandemia de la Covid-19 afectará en gran medida a las personas en movimiento, en particular a los refugiados que viven en asentamientos informales o en campamentos protegidos. Ya se han notificado casos en la isla griega de Lesbos, que ha acogido a cientos de miles de refugiados desde el comienzo de la guerra de Siria en 2011.

Sin embargo, la respuesta para detener la propagación del virus no es aumentar la vigilancia mediante nuevas tecnologías o impedir el acceso a los campamentos de los trabajadores de las ONG y el personal médico. En su lugar, necesitamos una redistribución de los recursos vitales, el acceso gratuito a la atención médica para todos, independientemente de su situación de inmigración, y más empatía y amabilidad hacia las personas en movimiento.

Las herramientas tecnológicas pueden convertirse rápidamente en instrumentos de opresión y vigilancia, negando a las personas la capacidad de decidir y la dignidad, contribuyendo a un clima mundial cada vez más hostil hacia las personas en movimiento.

Lo más relevante es que las soluciones tecnológicas no abordan las causas fundamentales del desplazamiento, de la migración forzosa y de la desigualdad económica, y todo ello exacerba la propagación de pandemias mundiales como la Covid-19.

En tiempos de excepción como son los de esta pandemia global, la arrogancia de pensar que la Gran Tecnología tiene todas las respuestas, no es la solución

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Por Petra Molnar

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Reflexión

 

"No hay normalidad, ni vieja ni nueva, lo que hay es un proceso de normalización que consiste en neutralizar todo lo que no encaja, en presentar la norma como el único camino posible". - 

Amador Fernández Savater 
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